
Maria era una buena muchacha, de buena familia, de buena posición, de buen aspecto, de buena religión y de buena moral.
Su vida, apenas de dieciséis años, la había pasado entre un colegio de monjas y sus clases de piano, de castellano, de poesía, de cocina, de modales, de ética, de catecismo, de baile, de esgrima y de griego.
Bella era su vida y mucho más bello su futuro.
Un verano, al volver a su casa, descubre que su padre se acuesta con una joven sirvienta. Enojada, trata de enseñarles un poco de moral y porque no buen gusto a esa escoria barata que vive para servir.
- Y si vivimos para servir señorita, ¿Por qué no servirle a su señor padre de objeto sexual?-replico, sacada de sus casillas, la perspicaz niña-mujer.
La única y evidente reacción ante este ataque verbal, fue la violencia física y el despido. Lo cierto es que Maria era la mujer de la casa y tenía el poder para hacer lo que le dieran ganas, capricho que su padre cumplía de manera ritual desde la muerte de su esposa. Al igual que su rutina de alcohol y apuestas, las dos cosas más importantes y emocionantes en su vida, luego claro de su hijita.
Después de unos meses empezó a concurrir gente extraña a la casa: usureros, ladrones, y violadores; todos apañados como acompañantes de aventuras del señor. Maria no soportaba el deshonor de tener estos indeseables invitados, de modo que no tardó en hacer llegar su queja.
-Maria debes entender ya, estos hombres son acreedores de mis deudas y como pago solo puedo ofrecerles su estancia aquí-dijo el caballero muy convencido, mirando su whisky mecerse en el vaso.
Previsible, fue el asesinato del señor Van Buren. No así, el destino de su hija, que fue acosada, golpeada, meada, pateada y violada a la vista de una sirvienta.
Su vida, apenas de dieciséis años, la había pasado entre un colegio de monjas y sus clases de piano, de castellano, de poesía, de cocina, de modales, de ética, de catecismo, de baile, de esgrima y de griego.
Bella era su vida y mucho más bello su futuro.
Un verano, al volver a su casa, descubre que su padre se acuesta con una joven sirvienta. Enojada, trata de enseñarles un poco de moral y porque no buen gusto a esa escoria barata que vive para servir.
- Y si vivimos para servir señorita, ¿Por qué no servirle a su señor padre de objeto sexual?-replico, sacada de sus casillas, la perspicaz niña-mujer.
La única y evidente reacción ante este ataque verbal, fue la violencia física y el despido. Lo cierto es que Maria era la mujer de la casa y tenía el poder para hacer lo que le dieran ganas, capricho que su padre cumplía de manera ritual desde la muerte de su esposa. Al igual que su rutina de alcohol y apuestas, las dos cosas más importantes y emocionantes en su vida, luego claro de su hijita.
Después de unos meses empezó a concurrir gente extraña a la casa: usureros, ladrones, y violadores; todos apañados como acompañantes de aventuras del señor. Maria no soportaba el deshonor de tener estos indeseables invitados, de modo que no tardó en hacer llegar su queja.
-Maria debes entender ya, estos hombres son acreedores de mis deudas y como pago solo puedo ofrecerles su estancia aquí-dijo el caballero muy convencido, mirando su whisky mecerse en el vaso.
Previsible, fue el asesinato del señor Van Buren. No así, el destino de su hija, que fue acosada, golpeada, meada, pateada y violada a la vista de una sirvienta.
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